Susurro vs Grito.
La autoestima susurra con la calma de un viejo amigo; no busca escenario, solo un rincón honesto donde mirarse sin huir.
El ego grita hambriento de aplausos y espejos ajenos, temeroso de que el silencio revele lo que él mismo evita mirar.
La autoestima se sostiene en la ternura de reconocerse imperfecta pero valiosa, capaz de abrazar la grieta sin confundirla con un abismo.
El ego se extenúa puliendo una imagen sin fisuras, como si cualquier rasguño pudiera derrumbar su edificio de apariencias. Vivir desde la autoestima permite pedir perdón sin que la dignidad colapse, porque el error corrige la ruta, no cancela el viaje.
El ego, en cambio, se atrinchera en la razón y prefiere perder vínculos antes que aflojar un solo tornillo de su armadura.
Buen y bendecido jueves.






